Abstención activa

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La democracia “moderna” que se extendió tras el final de la II Guerra Mundial induce a verse legitimado concurriendo ante un proceso electoral en donde el resultado de cumplir el “deber cívico” tiende a imponerse sobre la sociedad. Sustentando sobre un liberalismo económico que reduce a las personas al concepto que el mismo modelo de producción ha modelado; ciudadanos, con el fin de proteger los derechos de la burguesía y de la propiedad privada.

De este modo, se alude a la legitimidad mayoritaria bajo un supuesto sufragio universal, que no atiende a aquellos que no pueden votar, ni a los que deciden no hacerlo, así como otros factores, como puede ser el mismo sistema electoral. Este delegacionismo basado en una representatividad política sólo conlleva a una desigualdad estructural que defiende los intereses de la clase dominante bajo la apariencia de solventar los problemas de la clase trabajadora. Puesto que no podemos olvidar, que las medidas gubernamentales adoptadas siempre estarán al servicio del capital.

Lo expuesto viene acompañado de la sociedad del espectáculo, en donde, los medios de comunicación nos bombardean, con mítines, eslóganes partidistas, debates, y todo tipo de marketing político que rodea a una campaña electoral, llevada a cabo por los líderes políticos, que de forma escenificadora, aparecen cuales títeres de las grandes empresas.

Nosotras como anarquistas, bajo una cuestión de principios y de coherencia entre medios y fines, nos abstenemos de participar en esta farsa electoral que la democracia ha instrumentalizado. No votar conscientemente conlleva a no legitimar, no ser cómplice, de la violencia estatal, que percibimos diariamente en los desahucios, en el paro, la precariedad laboral, los suicidios, la violencia machista etc. No podemos olvidar a nuestras compañeras presas en el instrumento más opresor del aparato estatal, las cárceles, como centros de exterminio.

 criacuervos

El auge de los dominados “nuevos partidos”, articulados tras la desafección política manifestada en el 15 M, y representados en los ayuntamientos del cambio como; Ahora Madrid, Barcelona en Comú, Ganemos en Cádiz, etc. Encaja en la realidad característica de los procesos electorales que se vienen celebrando este año, “cambiar algo, para que todo permanezca igual”. Esto es, solo pretenden mediante sus políticas de corte reformista revestir al capitalismo en su vertiente más social con el fin de perpetuar la violencia estatal. Puesto que, en definitiva, conciben un sistema de representación parlamentaria que conlleva al autoritarismo y la opresión sobre toda persona que lo cuestione y no solo desde la entrada en vigor de la Ley Mordaza.

Estos partidos, que prometían el “ansiado cambio” han actuado de corta fuegos de la organización de movimientos sociales, que se vislumbraron en pequeños estadios como Gamonal, 22 M, el 29-S “Rodea al Congreso”, la Huelga general del 2012, etc. Transmitiendo la idea de que la vía institucional es la herramienta de resolución de los conflictos colectivos, lo cual, resulta incongruente puesto que los gobernantes ocuparán el poder, siéndole implícito la corrupción. Nosotras como anarquistas, encontramos la verdadera armonía en el apoyo mutuo, la solidaridad y la belleza de la convivencia en base a una organización horizontal y sin líderes.

Es por todo lo dicho, que nosotras nos atendremos de participar en las próximas elecciones generales del 20 D y en cualquier otro proceso electoral institucional impuesto, a nivel local, autonómico, nacional y europeo, dado que nos reduce a meros individuos carentes de autonomía.

Nuestra abstención ha de ir acompañada de un activismo consciente, esto es, de una organización horizontal y paralela a las instituciones del Estado. Es hora de recuperar las calles:

En cada centro social Okupado y auto-gestionado como Can Vies, la Quimera, La 13/14, la CaSika, la Redonda y muchos más. En cada centro de trabajo, como se mostró en la resistencia de las trabajadoras de movistar ante la precariedad laboral derivada de las “contratas y sub-contratas”. En cada barrio de cada ciudad, como puede verse en las asambleas auto-organizadas de parados afectados por la violencia institucional del desempleo etc.

El anarquismo aspira a una sociedad en la que no existan ni espacios de opresión ni tiempo atrapado en trabajos asalariados. En donde todas contribuyamos a construir una sociedad que se sustente sobre los principios de antiautoritarismo, horizontalidad, igualdad, consenso y comunismo libertario. Es por ello, que el anarquismo se opone a todo tipo de representatividad y delegacionismo que aprisione y comprima nuestros sueños dentro de unas opacas urnas.